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Tía y sobrino amantes en secreto - Epílogo

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  El tiempo, caprichoso y cruel, tejió su propia normalidad sobre lo prohibido. En el bufete, Carolina seguía siendo la fiera indomable que todos respetaban y temían; en la facultad, Bryan se convirtió en un estudiante aplicado que nunca hablaba de su vida privada. Pero puertas adentro del departamento de Puerto Madero, la fachada se disolvía en jadeos y sábanas revueltas. La culpa murió de inanición, asfixiada por el placer. Fueron años de amantes perfectos: ella, su iniciadora y devota; él, su sobrino y su macho.  Bryan se recibió de veterinario con honores y volvió al pueblo, a la tierra que lo vio nacer. Se casó con una muchacha dulce, de caderas anchas y sonrisa fácil, y tuvo los hijos que el campo le pedía. Pero dos veces al mes, religiosamente, un micro de larga distancia lo devolvía al departamento de la capital. Ahí no había hijos, ni esposa, ni pueblo. Ahí solo existía ese miembro enorme que Carolina necesitaba como el aire. Ella nunca se casó. ¿Para qué? Ningún homb...

Tía y sobrino amantes en secreto - Parte 4

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  La primera luz del miércoles se coló por los ventanales sin pedir permiso, tiñendo las sábanas blancas de un dorado pálido. Carolina abrió los ojos lentamente, con la conciencia fragmentada, como si emergiera de un sueño demasiado pesado. Estaba desnuda. El roce de la tela de hilo contra sus pezones desnudos fue la primera sensación física. La segunda fue un calor ajeno, una presencia maciza que ocupaba el otro lado de su cama. Giró la cabeza con cuidado, casi con miedo.   Ahí estaba Bryan. Desnudo, boca arriba, roncando con un sonido ronco y parejo. Su cuerpo blando y grande se expandía y contraía con cada respiración, los brazos abiertos como un oso en plena hibernación. Y entre sus piernas, incluso dormido, su miembro reposaba imponente, una masa pálida y gruesa que parecía tener vida propia incluso en reposo. Carolina se quedó mirándolo unos segundos, sintiendo una punzada de culpa que le apretó el pecho. Pero la culpa fue efímera, un fantasma sin fuerza, porque aba...

Tía y sobrino amantes en secreto - Parte 3

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  La mañana del martes fue una huida silenciosa. Carolina salió del departamento antes de que el sol terminara de trepar por los edificios de Puerto Madero, con el pulso todavía alterado y la piel erizada por el recuerdo inmediato. La ducha fría no había servido para borrar las imágenes: el vapor del baño, el agua corriendo por la espalda de Bryan, la línea que habían cruzado por segunda vez en menos de una semana. Mientras el auto devoraba las calles hacia el bufete, ella mantenía las manos firmes en el volante, pero la mente era un torbellino. "¿Qué estoy haciendo? Es mi sobrino. La línea era una y ya la pasamos. Ahora es un puente". La culpa le mordía el estómago, pero abajo, en un lugar más profundo y oscuro, el deseo le respondía con un latido húmedo que no se iba.  Bryan, en cambio, despertó con una sonrisa que le estiraba los cachetes. Se desperezó en el sofá, sintiendo un leve dolor en la espalda, pero no le importó. La noche anterior había sido real. No un sueño, no ...

Tía y sobrino amantes en secreto - Parte 2

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  El primer rayo de sol del sábado fue una aguja clavándose en los párpados de Carolina. Abrió los ojos de golpe, con la boca pastosa y un zumbido sordo en las sienes. La resaca era un animal pesado aplastándole el cráneo. Se quedó quieta, mirando el techo blanco, esperando que el mundo dejara de girar. Y entonces llegó. El recuerdo. Una oleada de imágenes la golpeó con la fuerza de un puñetazo en el estómago. El vestido rojo. Sus rodillas sobre el porcelanato frío. La textura salada en la lengua. Y ese miembro, Dios, ese miembro descomunal atravesándole la garganta hasta hacerla llorar. El esperma corriéndole por la mejilla. —Ay, Dios... —susurró, y su propia voz sonó a pecado. Se tapó la cara con la almohada y gimió. Un gemido seco, de asco y de algo más que no quería nombrar. "Soy una enferma. Es mi sobrino. El hijo de mi hermana. ¿Qué mierda hice?". Se incorporó de la cama como pudo. La seda del camisón, que todavía olía a la noche anterior, le pesaba como una armadura. A...

Tía y sobrino amantes en secreto - Parte 1

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  El vestido negro caía sobre su cuerpo como una promesa oscura. Carolina lo deslizó por sus hombros, sintiendo la caricia fría de la seda antes de que se ajustara a su cintura, marcando la curva pronunciada de sus caderas. Frente al espejo del vestidor, sus dedos viajaron por el borde del escote, apenas insinuando la piel tersa y bronceada. Su reflejo le devolvió una mirada que conocía de memoria: intensa, labios carnosos apenas entreabiertos, pómulos altos que sombreaban unas facciones felinas. Una melena castaña, ondulada y salvaje, caía pesada sobre sus hombros. Se giró. Sus nalgas, firmes y torneadas por el gimnasio, estiraban la tela de una manera casi obscena. No era vanidad, era poder. A los treinta y ocho, había esculpido su cuerpo como había esculpido su bufete: con disciplina feroz y un hambre que no se saciaba con nada.  Las llaves del Audi tintinearon en su mano. El garaje olía a cuero y a perfume caro. Al sentarse al volante, la falda se le subió dejando al descu...

El Pecado Madre e Hijo — Epílogo

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  Los cuatro no volvieron más a la universidad.  Lucio apareció dos días después con la mandíbula vendada y los ojos hundidos. Dio media vuelta antes de cruzar el portón y nadie lo volvió a ver. Los otros tres cambiaron de horario, de edificio, de ciudad. Algunos dicen que el flaco del celular se fue a vivir a la costa. Otros que el gordito terminó trabajando en un supermercado veinticuatro horas. Nadie pregunta. A nadie le importa.  El campus, después de esa tarde, se convirtió en otro lugar.  La imagen del flaquito con anteojos noqueando a los cuatro tipos más pesados de la facultad corrió más rápido que cualquier video que hubieran podido grabar. Se contaba en los pasillos, en los baños, en la fila del comedor. Cada versión era más increíble que la anterior. Pero todas terminaban igual: "¿Viste al pibe ese? Es una bestia."  Y después vino el otro rumor.  El del miembro.  Nadie sabe quién fue el primero que habló. Quizás algún enfermero de la guardia...